
Ingeniería bajo tierra
Un recorrido por la innovación arquitectónica bizantina, las técnicas de impermeabilización y la poesía estructural de 336 columnas de mármol.
La sala hipóstila
La estructura de la cisterna se define por su vasta sala hipóstila: una retícula de columnas que sostiene un complejo sistema de cubiertas. El diseño permitía el máximo volumen mientras repartía el enorme peso del agua y de la tierra situada encima.
Capiteles corintios y lisos
Capiteles corintios con hojas de acanto labradas conviven con otros completamente lisos, y la mayoría de los fustes son cilíndricos: la huella de una piedra reaprovechada de edificios romanos anteriores, no tallada para este.
Cubierta de bóvedas de arista
La cubierta se resuelve con bóvedas de arista de ladrillo que trasladan la carga a las columnas. Esa decisión fue la que mantuvo íntegro el espacio bajo una presión inmensa.
Inteligencia de los materiales
Mortero horasan
Un mortero de cal resistente al agua, hecho con ladrillo y teja triturados. Recubría los muros de ladrillo y el suelo enladrillado, y explica la supervivencia del edificio tanto como cualquier cosa que el visitante pueda ver.
Construcción con spolia
Muchas columnas y capiteles proceden de construcciones romanas anteriores repartidas por el imperio: la práctica conocida como spolia, evidente en la variedad de mármoles y estilos.
Muros de ladrillo refractario
Los muros perimetrales son unos 4,8 metros de ladrillo macizo, calculados para resistir el empuje lateral de unas 80.000 toneladas de agua estimadas.
La ruta del agua
La Cisterna de la Basílica no era un depósito aislado, sino parte de un sistema urbano mayor. El agua llegaba por la red de acueductos y distribución de Constantinopla —las fuentes del museo señalan una conexión con el acueducto de Adriano— y desde aquí se repartía al Gran Palacio y a los edificios de su entorno.
